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miércoles, 19 de julio de 2017
Has vuelto
lunes, 17 de julio de 2017
Le escribo.
Le escribo al dolor porque es el único que siempre está.
Siempre se queda
por los seísmos,
por los truenos,
por la oscuridad,
por los lazos rotos
por los hilos enredados.
Le escribo al dolor porque siempre se queda
por la decepción
que rápido conocí a la hija de puta.
por el miedo,
por el silencio,
por la soledad
que es mi fiel compañera.
Le escribo al dolor porque siempre está
se esconde detrás del sofá
y siempre salta encima
cuando duermes en el lado izquierdo.
Cómo le gusta verme llorar,
esboza una leve sonrisa
y se traga la carcajada.
Me abraza más fuerte
hasta que me rompe tres costillas;
Y grito,
rabio,
y dejo que toda mi sangre aflore
que brote por cada poro de mi piel.
Le escribo al dolor
porque se queda
porque me hace humana
y me rompe,
porque está
y me canta
la canción más triste del mundo.
Le escribo al dolor
por sus fantasmas
que es el horror
la pesadilla que viaja a tu espalda.
El pasado que atrapa
y te rompe en milímetros el corazón.
Le escribo al dolor
porque siempre está
porque siempre me abraza
porque es el único que me escucha llorar.
jueves, 13 de julio de 2017
Despedida
Como una colilla
apagada en la piel.
Veintidós latidos al descompás
de un grito ahogado
por las manos del pasado.
Tanto miedo,
Tanto llanto
y el corazón sollozando
por el camino.
El alma que susurra
y todos los demonios se revelan
al paso de las luciérnagas.
Nunca hay suficiente luz,
nunca hay suficiente amor
para cubrir las cicatrices
para superar cada "quizás"
que nuestro cuerpo ha dictado
deslazando nuestras manos.
Cómo cuándo quieres
cada día,
cada segundo,
cada seismo,
pero huyes.
Como la vela de cumpleaños
que se apaga antes de soplar.
Como el sueño
antes dormir.
Todo antes de ser nada.
¿No nos habremos equivocado?
¿No nos habremos fallado?
Que nos despedimos
sin repetir el adiós.
Adiós, mi luz.
Adiós, mi paz.
Adiós, mi lluvia.
Que salgo corriendo entre la tormenta.
Me despido
aunque quiera volver
hoy,
mañana
y cada día de mi vida.
Adiós, mi luz.
Adiós, rayo que partías la oscuridad en dos.
Adiós, mi paz.
Adiós, a las banderas blancas
en mi propia guerra.
Adiós, a las margaritas.
Adiós, mi lluvia.
Adiós a ese cielo que nos une.
Con veintidós latidos al descompás
le lloro al "ojalá"
porque no somos,
porque nunca hemos sido.