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domingo, 29 de abril de 2018

De verdad, te amé.

De verdad, yo te amé.



Te amé haciéndote refugio
de las ruinas que habitan en mi cuerpo
siendo el arquitecto de lo que hoy considero
un mi verdadero yo.

Por encima del aire
vi como has sobrevolado
cada abatida
y has luchado por mí
hasta que mi te dejó sin fuerzas
y no pudieses cogerme en peso
para seguir hacia adelante.

Has sido soldado
que has hecho de mi guerra
la tuya
y contigo en el campo de batalla
no eramos víctimas,
eramos los héroes que destruían
miedos ajenos.

Por encima de las margaritas
que habían siempre en la mesa del comedor
mientras que sonaba Love, love, love
y yo la tarareaba inventándome la melodía.
Sin embargo, tú reías
y me mirabas como el soñador que mira al infinito.

Te he leído a Egea,
y viví contigo el Otro románticismo
dejándote  las puertas abiertas de casa
porque te esperan los libros,
el café
y yo.

Porque duele
hasta el pecho encogerse
y no volver respirar
hasta ahogarnos
hasta que el aire se desprenda
hasta no ser nada
hasta que no nos quede nada
hasta que mi amor, tú, no puedas revivirme.

Porque quema
hasta convertirnos en la llama
que nos hace ser cenizas
removidas por el viento
hasta ser polvo.

La tristeza vuelve a chocar contra el cristal
y quedan pedazos desojados
como el ataque del amor a los pétalos.

Aunque la vida,
nuestro amor
esté disperso:
De verdad, que te amé.

Se han encontrado
entrelazando sus dedos
han visto que podían ser una endeble luz,
pero luz.



domingo, 10 de diciembre de 2017

Atardece a las seis

Siento que lloras
y en mi hombro no descansas.
No te rodeo con mis brazos
ni te seco los mares de tus ojos.

El susurro del viento
me avisa
de que respiras ahogado
y no te estoy besando.

No suena nuestra canción en cada bar.
Las cervezas ahora brindan solas
y los mapas
que dibujé
con tus huellas
no me guían.

Te espero
en cada poema
que no firma tu nombre,
y pido que vuelvas
a este descampado
o a esta calle sin salida
donde siempre atardece a las seis.

Adiós es sólo una palabra
de la que puedes volver
con los ojos cerrados
y los pies atados.

Me siento
en vísperas de la nada
con un bote de cristal
lleno de primavera,
y arrugo una nota entre los dedos
que te repite que aquí estoy
esperando a que vuelvas a brotar.



domingo, 19 de noviembre de 2017

Suerte que late

Eres suerte
que late
y yo te escucho
cada vez que me apoyo en tu pecho.

Entiendo que mi corazón
está para vivir pegado al tuyo
y entender que ya no sólo el sol
me besa las mejillas.

Ahora dejo mis huellas por tu espalda
y mi risa se escucha por todo el edificio
porque estás
y los miedos no.

Mis lunares me guían
hacia a ti,
forman una constelación
con tus dedos
y hacen que el camino
sólo sea piel.

Ahora que estoy a salvo
porque tú me has agarrado con fuerza
antes de dar mi último salto.

Dejas que me propague
que el fuego resurja
y las cenizas sólo sean polvo.

Me quieres,
pero más te quiero yo
porque te lloro de felicidad,
porque me miras
y nacen las flores a tu alrededor,
porque dijimos ser uno
y tú día
tras día
haces que seamos eternos.

Hoy ya no hay oscuridad,
el dolor ya se fue,
y sólo estás tú
consiguiendo
que en mi cuerpo
brote la alegría.


lunes, 23 de octubre de 2017

Nos quiero

Tengo tan claro
que quiero ser quién te salve.
Cogerte de la mano
en mitad de tus pesadillas
para traerte a mi pecho
donde siempre
vas
a
estar
bien.

Arrancarte el dolor
de cuajo,
que no tengas ningún resquemor,
y sólo puedas ver
como sanan cada una de tus heridas.

Tú eres mi lluvia,
y yo el fuego que se propaga
cuando haces salir el arcoiris.
La luz de la tormenta,
el miedo deshecho,
el corazón que brilla
hasta llenarme de esperanza.

Voy a ser tu soldado Luna
que te abrazará más fuerte en tus noches.
El rayo de tu oscuridad,
la primavera que florece las margaritas.
Todo el amor del mundo
que nos hará girar hasta marearnos.

Quiero salvarte
aunque el caos tenga mi nombre,
y el temor viva en mis manos.
Quiero salvarte.

Porque si tus brazos son mi hogar,
mi pecho es tu refugio.
Ahora soñaras
con los latidos de mi corazón de eco,
y entenderás que conmigo
vas
a
estar
bien.

Voy a salvarte.
Voy a salverme.
Voy a salvarnos
porque te quiero,
porque nos quiero.



lunes, 11 de septiembre de 2017

Ahora

He escrito tanto sobre ti -sobre nosotros- que se me han desgastado las yemas de los dedos. Sin embargo, ahora que has vuelto, y yo dejé de deshojar margaritas, no me quedan caricias que darte. 
No me queda amor, ni poemas que no me sepan a despedida. 
Ahora con el corazón hecho añicos, las manos agrietadas y los ojos llenos de lágrimas, me marcho yo.
Es que hoy no me queda nada, soy un alma vacía en un cuerpo que sale corriendo a la deriva: y se tira por el primer precipicio que encuentra. Soy una loca suicida que te ha querido tanto que olvidó lo que era quererse, y ahora sólo te llora, te llora mientras que te canta tu canción favorita. 
La ilusión ha desembocado a la tristeza, y dolor ganó la batalla a tu risa; y por eso me marcho.
Me voy con el corazón hecho añicos, las manos agrietadas y con los ojos llenos de lágrimas porque ya no nos quedamos ninguno, ya no estamos, ya no somos, y sólo podemos reconstruir el derrumbamiento que creó este huracán de miedos. 
Ahora con el cuerpo tembloroso camino, camino sin girarme para no volver corriendo, para seguir corriendo hacia ninguna parte. 
Hoy mis margaritas se marchitan, tú y yo no tenemos canción favorita que bailamos hasta pisarnos. Hoy el corazón no encuentra la paz cuando late a tu par. 
Hoy el alma se deja las uñas para salir del cuerpo, y besarte una vez más.
Ahora que no escribo de ti -de nosotros- la melancolía nace en los margenes, y la tristeza brota entre los renglones.
Ahora que tú estás,
Ahora que tú has vuelto,
Ahora que tú lates,
yo me marcho sin despedirme una vez más. 

miércoles, 9 de agosto de 2017

Me despedí, y  me fui.
Salí corriendo
repitiendot(m)e ese adiós
que sólo nosotros conocemos.

No estás,
y te lloro,
te lloro tanto que me duelen las pestañas.

No estás,
y sólo escucho nuestra canción
para recordar que estás 
que estás aquí
y ojalá conmigo. 

Huí como todos los días impares.
Sentí el pecho vacío 
y el miedo en el cuerpo.

Te busco,
te rebusco
y vuelvo a buscarte
para poder apoyarme en tu pecho,
para escuchar tus buenas noches
y soñar con nosotros. 

Hoy no estás,
ni mañana volverás
porque el alma conoce la pena
y yo provoco el desequilibrio
en este suelo firme. 

He vuelto a la oscuridad,
donde no hay ni un rayo
que parta mis miedos en dos. 

He vuelto a los días nublados,
pero que nunca llueve.

He vuelto a las guerras
y aunque saque todos los días 
la bandera blanca,
no hay paz,
sólo hay ruido
que me revienta los tímpanos. 

Ya no soy una funambulista
que corre por una cuerda bien tensada.
Ahora bailo pisándole los pies a la vida
y dejando un pie en el aire.