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domingo, 10 de diciembre de 2017

Atardece a las seis

Siento que lloras
y en mi hombro no descansas.
No te rodeo con mis brazos
ni te seco los mares de tus ojos.

El susurro del viento
me avisa
de que respiras ahogado
y no te estoy besando.

No suena nuestra canción en cada bar.
Las cervezas ahora brindan solas
y los mapas
que dibujé
con tus huellas
no me guían.

Te espero
en cada poema
que no firma tu nombre,
y pido que vuelvas
a este descampado
o a esta calle sin salida
donde siempre atardece a las seis.

Adiós es sólo una palabra
de la que puedes volver
con los ojos cerrados
y los pies atados.

Me siento
en vísperas de la nada
con un bote de cristal
lleno de primavera,
y arrugo una nota entre los dedos
que te repite que aquí estoy
esperando a que vuelvas a brotar.



domingo, 19 de noviembre de 2017

Suerte que late

Eres suerte
que late
y yo te escucho
cada vez que me apoyo en tu pecho.

Entiendo que mi corazón
está para vivir pegado al tuyo
y entender que ya no sólo el sol
me besa las mejillas.

Ahora dejo mis huellas por tu espalda
y mi risa se escucha por todo el edificio
porque estás
y los miedos no.

Mis lunares me guían
hacia a ti,
forman una constelación
con tus dedos
y hacen que el camino
sólo sea piel.

Ahora que estoy ha salvo
porque tú me has agarrado con fuerza
antes de dar mi último salto.

Dejas que me propague
que el fuego resurja
y las cenizas sólo sean polvo.

Me quieres,
pero más te quiero yo
porque te lloro de felicidad,
porque me miras
y nacen las flores a tu alrededor,
porque dijimos ser uno
y tú día
tras día
haces que seamos eternos.

Hoy ya no hay oscuridad,
el dolor ya se fue,
y sólo estás tú
consiguiendo
que en mi cuerpo
brote la alegría.


lunes, 23 de octubre de 2017

Nos quiero

Tengo tan claro
que quiero ser quién te salve.
Cogerte de la mano
en mitad de tus pesadillas
para traerte a mi pecho
donde siempre
vas
a
estar
bien.

Arrancarte el dolor
de cuajo,
que no tengas ningún resquemor,
y sólo puedas ver
como sanan cada una de tus heridas.

Tú eres mi lluvia,
y yo el fuego que se propaga
cuando haces salir el arcoiris.
La luz de la tormenta,
el miedo deshecho,
el corazón que brilla
hasta llenarme de esperanza.

Voy a ser tu soldado Luna
que te abrazará más fuerte en tus noches.
El rayo de tu oscuridad,
la primavera que florece las margaritas.
Todo el amor del mundo
que nos hará girar hasta marearnos.

Quiero salvarte
aunque el caos tenga mi nombre,
y el temor viva en mis manos.
Quiero salvarte.

Porque si tus brazos son mi hogar,
mi pecho es tu refugio.
Ahora soñaras
con los latidos de mi corazón de eco,
y entenderás que conmigo
vas
a
estar
bien.

Voy a salvarte.
Voy a salverme.
Voy a salvarnos
porque te quiero,
porque nos quiero.



lunes, 11 de septiembre de 2017

Ahora

He escrito tanto sobre ti -sobre nosotros- que se me han desgastado las yemas de los dedos. Sin embargo, ahora que has vuelto, y yo dejé de deshojar margaritas, no me quedan caricias que darte. 
No me queda amor, ni poemas que no me sepan a despedida. 
Ahora con el corazón hecho añicos, las manos agrietadas y los ojos llenos de lágrimas, me marcho yo.
Es que hoy no me queda nada, soy un alma vacía en un cuerpo que sale corriendo a la deriva: y se tira por el primer precipicio que encuentra. Soy una loca suicida que te ha querido tanto que olvidó lo que era quererse, y ahora sólo te llora, te llora mientras que te canta tu canción favorita. 
La ilusión ha desembocado a la tristeza, y dolor ganó la batalla a tu risa; y por eso me marcho.
Me voy con el corazón hecho añicos, las manos agrietadas y con los ojos llenos de lágrimas porque ya no nos quedamos ninguno, ya no estamos, ya no somos, y sólo podemos reconstruir el derrumbamiento que creó este huracán de miedos. 
Ahora con el cuerpo tembloroso camino, camino sin girarme para no volver corriendo, para seguir corriendo hacia ninguna parte. 
Hoy mis margaritas se marchitan, tú y yo no tenemos canción favorita que bailamos hasta pisarnos. Hoy el corazón no encuentra la paz cuando late a tu par. 
Hoy el alma se deja las uñas para salir del cuerpo, y besarte una vez más.
Ahora que no escribo de ti -de nosotros- la melancolía nace en los margenes, y la tristeza brota entre los renglones.
Ahora que tú estás,
Ahora que tú has vuelto,
Ahora que tú lates,
yo me marcho sin despedirme una vez más. 

miércoles, 9 de agosto de 2017

Me despedí, y  me fui.
Salí corriendo
repitiendot(m)e ese adiós
que sólo nosotros conocemos.

No estás,
y te lloro,
te lloro tanto que me duelen las pestañas.

No estás,
y sólo escucho nuestra canción
para recordar que estás 
que estás aquí
y ojalá conmigo. 

Huí como todos los días impares.
Sentí el pecho vacío 
y el miedo en el cuerpo.

Te busco,
te rebusco
y vuelvo a buscarte
para poder apoyarme en tu pecho,
para escuchar tus buenas noches
y soñar con nosotros. 

Hoy no estás,
ni mañana volverás
porque el alma conoce la pena
y yo provoco el desequilibrio
en este suelo firme. 

He vuelto a la oscuridad,
donde no hay ni un rayo
que parta mis miedos en dos. 

He vuelto a los días nublados,
pero que nunca llueve.

He vuelto a las guerras
y aunque saque todos los días 
la bandera blanca,
no hay paz,
sólo hay ruido
que me revienta los tímpanos. 

Ya no soy una funambulista
que corre por una cuerda bien tensada.
Ahora bailo pisándole los pies a la vida
y dejando un pie en el aire. 

miércoles, 19 de julio de 2017

Has vuelto

Has vuelto.
Has vuelto con una margarita entre los dedos, y me pediste que la deshojara, que le preguntase si te echaba de menos, si aún te quería y si tú eras para mí. Dejé a esa margarita vivir, y yo te besé, te besé con el corazón desnudo y el cuerpo lleno de pasado. 
Volví a jugármelo todo al catorce rojo, y en ese cuerpo vestido de mentiras que rodeaba cada noche mis piernas. Te he visto el miedo en los ojos, y yo he acariciado a cada uno de tus fantasmas, cantándole una nana para que sólo puedas dormir en mi pecho. Sólo te quería ahí, libre de monstruos, lleno de amor puro y conmigo cada noche. 
Me arrancaba mis plumas para coserte las alas más hermosas, pero es que yo no necesitaba volar si estaban tus brazos que me abrazaban y eran mi hogar, mi templo lleno de margaritas dónde sólo me sentía a salvo. 
Te di medio pulmón que gasté en suspiros y en gemidos. Tardaba menos en arrancarme el corazón, y ponértelo en las manos, que en pasar los dedos por mi camisa. 
Así eramos: un volcán en erupción dónde tú te movías por la lujuria, y yo pensaba que cada vez que recorrías mi cuerpo era amor. Sentía voleteos entre mis costillas siempre que me besabas el vientre, cosquillas por mis caderas cada vez que me agarrabas con ansias, y una leve llama al primer roce que siempre se volvía en una enorme fogata roja. 
Te deslizabas por mí, y yo te pedía un día más. 
Nuestras sombras se entrelazaban, y enredaban nuestros cuerpos haciéndonos uno. Un sólo cuerpo que gritaba, se quedaba sin aire y notaba como la lluvia afloraba de su piel. Somos un cuerpo que encajan sus cicatrices y sus corazas. Un cuerpo que buscaba las cosquillas del otro, y sabía dónde tenía que besar. 
Has vuelto, pero ya no nos queda luz. La oscuridad nos guía hacia un laberinto de imposibles, y yo sólo se llorarle a la luna llena. 
Has vuelto, pero ya no nos queda paz. Hemos sacado la bandera blanca en nuestras guerras. Nos hemos rendido, y nuestros mayores enemigos han empezado a comernos por los pies. 
Has vuelto, pero he escrito una despedida. Voy a recitarte mi adiós mientras que mi alma llora y mi corazón solloza. 
Adiós, mi luz.
Adiós, mi paz.
Adiós, mi lluvia.
Voy a desnudar mi pecho a otra alma rota. Besaré otras heridas, y le cantaré a otros labios. 
Porque has vuelto con una margarita entre los dedos, y yo llevo todo el pasado en la espalda desmintiendo cada te quiero que no dices. 

lunes, 17 de julio de 2017

Le escribo.

Le escribo al dolor porque es el único que siempre está.
Siempre se queda
por los seísmos,
por los truenos,
por la oscuridad,
por los lazos rotos
por los hilos enredados.

Le escribo al dolor porque siempre se queda
por la decepción
que rápido conocí a la hija de puta.
por el miedo,
por el silencio,
por la soledad
que es mi fiel compañera.

Le escribo al dolor porque siempre está
se esconde detrás del sofá
y siempre salta encima
cuando duermes en el lado izquierdo.

Cómo le gusta verme llorar,
esboza una leve sonrisa
y se traga la carcajada.

Me abraza más fuerte
hasta que me rompe tres costillas;
Y grito,
rabio,
y dejo que toda mi sangre aflore
que brote por cada poro de mi piel.

Le escribo al dolor
porque se queda
porque me hace humana
y me rompe,
porque está
y me canta
la canción más triste del mundo.

Le escribo al dolor
por sus fantasmas
que es el horror
la pesadilla que viaja a tu espalda.
El pasado que atrapa
y te rompe en milímetros el corazón.

Le escribo al dolor
porque siempre está
porque siempre me abraza
porque es el único que me escucha llorar.

jueves, 13 de julio de 2017

Despedida

Como una colilla
apagada en la piel.
Veintidós latidos al descompás
de un grito ahogado
por las manos del pasado.

Tanto miedo,
Tanto llanto
y el corazón sollozando
por el camino.

El alma que susurra
y todos los demonios se revelan
al paso de las luciérnagas.

Nunca hay suficiente luz,
nunca hay suficiente amor
para cubrir las cicatrices
para superar cada "quizás"
que nuestro cuerpo ha dictado
deslazando nuestras manos.

Cómo cuándo quieres
cada día,
cada segundo,
cada seismo,
pero huyes.

Como la vela de cumpleaños
que se apaga antes de soplar.

Como el sueño
antes dormir.

Todo antes de ser nada.

¿No nos habremos equivocado?
¿No nos habremos fallado?
Que nos despedimos
sin repetir el adiós.

Adiós, mi luz.
Adiós, mi paz.
Adiós, mi lluvia.

Que salgo corriendo entre la tormenta.
Me despido
aunque quiera volver
hoy,
mañana
y cada día de mi vida.

Adiós, mi luz.
Adiós, rayo que partías la oscuridad en dos.

Adiós, mi paz.
Adiós, a las banderas blancas
en mi propia guerra.
Adiós, a las margaritas.

Adiós, mi lluvia.
Adiós a ese cielo que nos une.

Con veintidós latidos al descompás
le lloro al "ojalá"
porque no somos,
porque nunca hemos sido.