.

.

sábado, 26 de enero de 2019

Jardín

Imagina que el cuerpo solo puede almacenar un tanto por ciento de dolor y que tú lo desbordas como el agua hirviendo que se derrama del cazo. Entonces, el corazón se pone gris y si lo estrujas llora sangre. Pero aún así, te llenas los bolsillos de piedras y esas piedras son nuevos miedos, nuevas decepcionas y te rompes. 
Eres cristales pisoteados y ahora te alimentas de las espinas de las rosas que plantaste porque creaste un jardín donde verte en tus flores. Donde imaginas tu renacer en los brotes de semillas. Donde tu cuerpo era el templo que el sol veneraba y  solo echabas raíces. Raíces que estrangulaban a las malas hierbas, al "sí, pero no", y crecían alrededor de tus piernas para amarrarte a la tierras. Sin embargo, hoy te sientes frágil. 
Vulnerable.
Abatida.
Dolorida 
como una guerrillera
que lucha contra fantasmas
contra la nada.
Porque hacía milenios que no había flores marchitas
y ahora las margaritas están desnudas
no hay pétalos para declarar el amor.
La música siempre es triste
y la luna no aparece por las noches. 
Ahora siento las ruinas
y como el alma suspira
y como esta se agrieta con cada respiración. 
Ahora
escucho al dolor tararear mi canción favorita
hasta grabarse en mi piel.
Ahora.
Ahora.
Ahora.
Ahora todo escuece,
pero solo soy capaz de echarle limón a las heridas
porque si tiene que doler,
que arda por completo. 
Hoy el cielo ha cambiado de color,
pero solo he sido capaz de verlo en fotos
porque no sé mirar hacia arriba.
No sé.
No sé.
No sé.
Pero hoy me han abrazado fuerte.
Han escuchado mi tormenta
hasta que los rayos,
los relámpagos
y la lluvia han cesado.
Han brindado conmigo
porque dicen que así se sueña mejor. 
Me han dicho que me quieren
y me lo he creído.
He mirado el calendario
y falta un día menos para la primavera.
Todo va a volver a estar bien
porque cambiaré la tierra a las plantas
y les leeré a las flores
para que se queden conmigo un poco más. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario