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martes, 23 de abril de 2019

Nosotros

Me han hecho daño. Y pensarás cómo me siento y solo puedo decirte que hay días en los que muero andando. ¿Qué por qué? Porque soy un amasijo de dolor. Soy como un árbol sin hojas, un jardín sin flores, un mar sin olas... Soy alguien casi incompleta. Bueno, casi no, soy alguien incompleta. Y sí, es duro, pero cuesta más perdurar, es decir, seguir luchando. Curarse heridas. Soplarse el polvo. Sacudirse los miedos. Tentar a la incertidumbre. Trazar medio plan de asalto, pero nunca llegar a saltar.
Es raro. Lo sé. Siempre fui rara. ¿Cobarde, dices? Quizás. Supongamos que siempre que has jugado a la ruleta rusa, has apuntado el revólver contra tu sien, la garganta se seca, respiras nervioso, rozas el gatillo,  disparas y la única bala del cargador te atraviesa. Pues así vivo yo. Llena de tiroteos. Llena de agujeros. Llena de vacíos. Irónico, ¿verdad?
Me han hecho daño y me han convertido en esto. ¿Qué no está tan mal? Mal no están las margaritas de otro color que no sean blanco. Ni los girasoles buscándose unos a otros porque no pueden besar el sol. Mal no está la despedida de un padre a un hijo cuando sabe que a las dos no irá a por él. ¿Pero qué está tan mal? Nosotros, seguramente. ¿Nosotros? Sí. He dicho nosotros. Solo tenemos que mirarnos. ¿Qué no somos tan extraños? Ese es el problema. Parecemos normales cuando nunca hemos sido así.

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