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miércoles, 9 de agosto de 2017
miércoles, 19 de julio de 2017
Has vuelto
lunes, 17 de julio de 2017
Le escribo.
Le escribo al dolor porque es el único que siempre está.
Siempre se queda
por los seísmos,
por los truenos,
por la oscuridad,
por los lazos rotos
por los hilos enredados.
Le escribo al dolor porque siempre se queda
por la decepción
que rápido conocí a la hija de puta.
por el miedo,
por el silencio,
por la soledad
que es mi fiel compañera.
Le escribo al dolor porque siempre está
se esconde detrás del sofá
y siempre salta encima
cuando duermes en el lado izquierdo.
Cómo le gusta verme llorar,
esboza una leve sonrisa
y se traga la carcajada.
Me abraza más fuerte
hasta que me rompe tres costillas;
Y grito,
rabio,
y dejo que toda mi sangre aflore
que brote por cada poro de mi piel.
Le escribo al dolor
porque se queda
porque me hace humana
y me rompe,
porque está
y me canta
la canción más triste del mundo.
Le escribo al dolor
por sus fantasmas
que es el horror
la pesadilla que viaja a tu espalda.
El pasado que atrapa
y te rompe en milímetros el corazón.
Le escribo al dolor
porque siempre está
porque siempre me abraza
porque es el único que me escucha llorar.
jueves, 13 de julio de 2017
Despedida
Como una colilla
apagada en la piel.
Veintidós latidos al descompás
de un grito ahogado
por las manos del pasado.
Tanto miedo,
Tanto llanto
y el corazón sollozando
por el camino.
El alma que susurra
y todos los demonios se revelan
al paso de las luciérnagas.
Nunca hay suficiente luz,
nunca hay suficiente amor
para cubrir las cicatrices
para superar cada "quizás"
que nuestro cuerpo ha dictado
deslazando nuestras manos.
Cómo cuándo quieres
cada día,
cada segundo,
cada seismo,
pero huyes.
Como la vela de cumpleaños
que se apaga antes de soplar.
Como el sueño
antes dormir.
Todo antes de ser nada.
¿No nos habremos equivocado?
¿No nos habremos fallado?
Que nos despedimos
sin repetir el adiós.
Adiós, mi luz.
Adiós, mi paz.
Adiós, mi lluvia.
Que salgo corriendo entre la tormenta.
Me despido
aunque quiera volver
hoy,
mañana
y cada día de mi vida.
Adiós, mi luz.
Adiós, rayo que partías la oscuridad en dos.
Adiós, mi paz.
Adiós, a las banderas blancas
en mi propia guerra.
Adiós, a las margaritas.
Adiós, mi lluvia.
Adiós a ese cielo que nos une.
Con veintidós latidos al descompás
le lloro al "ojalá"
porque no somos,
porque nunca hemos sido.
domingo, 4 de junio de 2017
Compañera II
le dije que no la quería ya
que la echaría de menos
y que dos veces a la semana la llamaría
porque necesitaría de ella,
Le grité que se fuera
que no se quedase conmigo
mientras que leo
o mientras busco la salida de mi infierno.
Me despedí,
y le di las gracias por cada día
por cada vez que me miraba en silencio
por cada susurro en mitad de la noche,
pero ya no la quería
no quería una respiración en mi espalda.
Le pedí que no volviese,
pero hoy ha vuelto,
se ha vuelto a sentar a mi lado.
Está escuchando como lloro,
pero no me consuela.
Sólo me mira.
Le pido ayuda.
Y no hace ni una mueca.
Ha vuelto,
me sigo sintiendo sola.
Es como un apagón,
un socavón,
un seísmo,
un grito en silencio.
Salgo corriendo
y doy un portazo.
Creo que la he encerrado con todos mis miedos,
que soy libre,
pero tengo frio.
Sigue en mi espalda,
no me deja sola,
ella siempre está cuando el dolor está brotando.
La miro,
intento encontrar una explicación
¿por qué?
¿Por qué siempre estás?
Mi soledad sólo se encogió de hombros
y yo la sentí más que nunca,
Hay un corazón roto
que late con el segundero del reloj
—tick-tack—
Que se para en seco a las en punto
y revive a las doce y un minuto.
Hay un corazón roto
que no bombea,
que no golpea un pecho,
que no siente,
y sólo es un músculo.
Hay un corazón roto
que ya no está
que ni siente
ni padece
que tiene oscuridad en sus arterias
y sólo el odio viaja por sus tejidos.
Hay un corazón roto
que llora siempre que se despierta.
Llama a las oscuras golondrinas
para que le saquen los ojos,
porque no quiere ver el infierno
no puede soñar cuando sólo conoce las pesadillas.
Hay un corazón roto
que late con el segundero del reloj
—tick-tack—
pero que está esperando a su muerte.
Algún día
todo será una explosión
de sangre mezclada con ilusión.
Hay un corazón roto
que sólo espera una pena más
para detonar.
jueves, 25 de mayo de 2017
Te he visto reír
despejar cada nubarrón
con la fuerza de una carcajada.
y como la primavera ha tocado a mi puerta.
Que están aquí los primeros brotes,
que ya estás aquí
con las manos cargadas de luz,
el corazón sano
y una melodía pintada en tus ojos.
y me han temblado hasta los cimientos
que has removido mis arenas movedizas
haciendo que sean un suelo firme
que yo pueda pisar sin miedo.
apaciguando guerras,
derribando murallas
y matando monstruos.
son mis alas.
El vuelo infinito
que despega,
pero que no llega a tocar el cielo.
cimientos pisoteados
que se alzan al cielo
con toda la fuerza de un huracán
reviviendo de sus ruinas.
creando la obra de arte más bonita.
sábado, 20 de mayo de 2017
¿Por qué no nos equivocamos otra vez?
Somos un mundo, un universo y no creo que conozcas los siete óceanos que se esconden en mi ombligo, que hay mucha tierra que queda por descubrir y puede, que en mi espalda esté la octava maravilla del mundo y ahora sí puedas ver como se pone el sol en mis mejillas.
Yo soy el único desastre desencadenante de este silencio que cruzan nuestros cuerpos, que el echar de menos está sobrevalorado cuando sólo tienes puñales en el alma y hay veinte dos mil piedras en tu camino y unos cuarenta cuellos más que besar. Pero podemos ser mariposas que aleteen demasiado rápido para crear un huracán, que seamos la guerra y la paz la dejamos para el telediario.
Tenemos derecho a equivocarnos, a caernos de la cuerda bien tensada por la que bailamos. Agarrarnos de nuestros precipicios y soltarnos sin llegar a contar a tres. Huir del otro, pero volver cuando la euforia se manifieste en carcajadas.
Que no me importan cuantos ojos te miren desnudo porque yo te veo, te veo el alma y la rozo cuando soy la equilibrista de tus miedos.
Pinchar nuestros botes salvavidas, quitarnos el cinturón de seguridad cuando a vamos a doscientos veinte por hora, ir a la guerra sin chaleco antibalas y con la pistola descargada. Que podemos jugárnosla siempre al catorce rojo porque la suerte nunca nos ha arropado los días fríos ni el destino nos ha marcado un camino.
Podemos empezar hoy sabiendo que dentro de un año y dos meses nos despediremos sin tener una vuelta atrás, darle la vuelta al reloj de arena y dejar de mirarnos cuando el último grano caiga.
Que nos alejamos, que nos gritamos y nos mordemos la sonrisa del otro.
Podemos equivocarnos.
Debemos equivocarnos otra vez.