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sábado, 9 de abril de 2016

Llevaba los tacones en la mano, tu chaqueta en los hombros y el pelo alborotado. 
Caminaba sobre la piedra fría en el silencio más apaciguador que sólo interrumpía tu respiración.
Nos mirábamos de reojo, sin decirnos absolutamente nada, lo único que nos movía eran las ganas, las intenciones o saber qué. 
Y en mi portal, antes de devolverte la chaqueta, te invité a subir. Llamamos al ascensor y nos miramos de reojo con una sonrisa picara mientras que el ascensor chirriante anunciaba que bajaba. Pulsé con nerviosismo la cuarta planta y se cerraron las puertas. 
Nos miramos, nuestras respiraciones se aceleraron y nos acercamos. Nuestras labios se buscaron, nuestras lenguas se entrelazaron, tus manos descendieron por mis caderas, agarraron de los glúteos y me pegaron al dichoso espejo de ese ascensor de principio de los noventa. Fueron los cuatro pisos más intensos de mi vida o de nuestras vidas. 
Las puertas se abrieron, me perseguías hasta llegar a la puerta de mi piso. Tonteé con la cerradura, te mandé callar y anduvimos de puntillas hasta el dormitorio. 
Cerramos la puerta de la forma más sigilosa existente. 
Te tiraste en mi cama y acto seguido te incorporaste apoyando tu espalda en el cabecero; me cogiste la mano y me llevaste hasta a ti. Me senté en tus piernas dejando espacio entre tu cintura y la mía. Empecé a inundarte de besos y a desabrocharte la camisa mientras que tu bajabas la cremallera de mi vestido, poco a poco sólo nos separaban los encajes de mi ropa interior. 
Mientras disfrutaba cada roce me repetía una y otra vez en la cabeza "Sólo son ganas, no hay nada emocional" al compás de nuestras caderas. 
Sudábamos cómo locos, gozábamos en silencio y ahogábamos los gemidos. Clavaba las uñas por tu cuerpo a la vez que tu lengua recorría el mío. 
Sólo eran ganas y nada más.
Sentí el éxtasis, el placer y la lujuria, cómo la entrada al paraíso dónde yo te abro las puertas y te marco el camino. 

sábado, 26 de marzo de 2016

Y sí, yo a veces pienso
En un mundo gris
Que desprecia a las personas
Haciéndonos ser números, cifras sin sentido.
Vivo en un mundo corrupto 
Dónde el dinero conquista corazones
Y la belleza es tu única meta.


Empatía y solaridad sólo aparecen el diccionario 

y hasta él se ríe de nosotros explicando lo inexplicable.
Un trozo de papel no sabe que es amar,
Ni cuando se trata de añoranza o nostalgía.
Somos idiotas,
Vivimos en un mundo gris,
Somos un conjunto de desconocidos
Y que no intentan conocerse.

sábado, 19 de marzo de 2016

Soy Tormenta.

Soy Tormenta.
Cada vez que hablo los tejados de las casas vuelan,
con mis suspiros se crean remolinos en mitad del océano,
inundo ciudades por mi paso,
y dejo versos tristes en los buzones.

Cuando me enfado,
mis quejas se escuchan por toda la ciudad
y hace que los perros ladren.

A veces, en mitad de mi frustración
naufrago barcos,
veo como pulmones se encharcan
y personas se despiden con la mirada.

Soy Tormenta,
cuando conozco a Esperanza,
y en mitad de la oscuridad
marco un camino de luz.

Creo las mayores catástrofes,
soy el mayor miedo de cualquier persona,
todos temen encontrarse conmigo de frente,
Porque cuando llego,
perduro,
me equivoco,
y pocas veces huyo.


domingo, 27 de diciembre de 2015

A veces le otorgamos nuestro dolor a alguien por no sentir lo mismo que nosotros.

Le culpamos de un sentimiento que no tiene pensando que no nos ha valorado o que no ve cada acción cometida por él. Vivimos en un mundo de ilusiones creadas por uno mismo que nos rompen al choque con la realidad. Nos engañamos y culpamos aleatoriamente.

Nos cerramos a un dolor creado a partir de nuestros propios sentimientos, un dolor creado por nosotros mismos de una forma cegadora.

Sol y Luna se amaban con locura, pero estaban eternamente separados.
Sol iluminaba el camino hacía el deseo, calentaba los corazones, alimentaba a las flores y creaba destellos de color tras cada cielo gris.
Luna acogía a los corazones rotos llenos de melancolía. Era esperanza en las tinieblas, la única luz en el inmenso túnel sin salida de los mortales.
Sol era calor mientras que luna era frio; y la unión de ambos era el caos para la universo; los corazones rotos se quedarían sin esperanza mientras que los enamorados dejarían de ponerse colorados al pensar en quiénes aman.
El huracanado viento, millones de asteroides y las grandes nubes obligaron a Sol y a Luna mostrarse en momentos diferentes del día. Aunque a veces ambos se juntan se besan fugazmente, nublan a todo el mundo durante unos segundos y siguen rotando sobre nosotros.

Abandonarte es abandonarme,
Abandonarme es olvidarte,
Olvidarte es no recordarte,
No recordarte es no sentirte,
No sentirte es morirme.

He escuchado mentiras piadosas que sólo eran mentiras,
He escuchado verdades maquilladas que hacían más daño,
He escuchado desprecios en tonos irónicos,
He escuchado voces que no decían nada,
He escuchado susurros que me derretían,
He escuchado arrepentimientos falsos,
Y embusteros siendo sinceros,
He escuchado como habla el vino después de dos botellas,
Y cómo hablaba el dolor en muecas en los labios,
He escuchado como hablaban mis decepciones
Callando mis alegrías,
He escuchado lágrimas de felicidad
Pero aún más de angustia,
He escuchado demás y me queda tanto por escuchar,
Porque he llegado a escuchar al mundo  equivocarse –yo equivocándome–
Aunque no he escuchado ningún arrepentimiento –el mío tampoco—.
Sin embargo, también he escuchado música.

Nos engañamos,
Nos prometimos,
Y llamamos 'amor' a eso que teníamos,
Pero del amor sólo sabíamos
Lo que el diccionario decía.